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ARTÍCULOS en PSICOANALISIS

Actividades 21 - 24 de 24

TÍTULO:Histeria Segunda parte
FECHA: Marzo 2012
AUTOR/ES:
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ARTÍCULO:

El siguiente es un recorte de la segunda parte de lo abordado en el marco de un Seminario dictado en Agosto de 2010 bajo el título “Casos de Freud y Lacan, Su enseñanza  para la clínica actual”

 

Fragmento de análisis de un caso de Histeria [1901-1905] (Caso Dora)

La histeria de ayer y de hoy; semejanzas y diferencias

En el marco de lo abordado en el 2009  

Parte  Dos

 

 

La promotora. La moda.

Comenzamos la exposición ubicando a la histeria, como la que de alguna manera promueve el ejercicio del psicoanálisis cuando “con-boca” al saber, a partir del enigma que plantean sus síntomas.

Conversamos sobre cómo los síntomas de la histeria moldean la corporeidad de acuerdo al discurso de moda.

También hicimos notar el complejo y contradictorio vínculo entre histeria y femeneidad.

Trabajamos una de las preguntas de la neurosis, en este caso la de la histeria: “qué es una mujer”(1). Y como la respuesta sobre el ser de la mujer es una respuesta inevitablemente insatisfactoria, en tanto no hay respuesta completa y acabada para dicha pregunta.

 

¿Quién puede decir qué es ser una mujer? Lo que no exceptúa que haya quienes con espíritu de amo se postulen para hacer de Otro intentando monopolizar “La respuesta”.

 

Con respecto al caso Dora ubicamos que en ese momento Freud tenía una respuesta acerca de lo que Dora quería. Freud interpretaba a Dora desde su teoría del complejo de edipo. Entendiendo que la salida del Edipo, en la mujer,  era a través de la elección de un objeto amoroso como sustituto del objeto incestuoso.

 

Entonces, ¿de qué manera interviene Freud?  Interpretaba procurando dirigir a Dora hacia el señor K. intentando que reconozca su interés por él.

En ese punto articulamos con una indicación de Lacan que destaca que el asunto no giraba tanto alrededor del Sr.K. sino más bien en referencia al lugar de la Sra. K. Tema que por su orientación teórica de ese momento, quedó escamoteado para Freud.

 

En "Intervención sobre la transferencia", Lacan señala que la señora K ocupaba el lugar de la Otra mujer para Dora, la que portaba el saber sobre la pregunta que en la histeria, se formula como decíamos antes; ¿qué es ser una mujer?

 

El misterio de la sexualidad femenina

Es decir que Dora en tanto histérica hace su exploración sobre el misterio de la sexualidad femenina a través del lazo libidinal con la Sra. K. Y mantiene neuróticamente la ilusión de que hay un Otro completo que aportaría respuestas a su pregunta. De allí el valor del lugar de la Otra mujer como la que reserva el saber sobre el goce femenino, que ella busca.

Entonces decíamos que se dirige a una mujer que supone que tiene La respuesta. En este punto nos dice Lacan valiéndose de Freud en “Intervención sobre la transferencia” que “esto lo hace vía la identificación real, que es valerse de un testaferro, que está en conexión con una mujer y entonces interroga a la mujer desde una posición viril”.

El sujeto histérico  hace su pregunta identificado al hombre en tanto ese hombre sabe lo que es una mujer en tanto la seduce, la tiene, etc.

 

La bofetada de Dora a la testarudez del macho

En este punto es atinado recordar el cachetazo de Dora al señor K. El Señor K intentando seducir a Dora a través de la exclusividad le declara: “mi mujer no es nada para mí”. Entonces Dora le responde con una bofetada. Lo quita de un cachetazo del lugar de seductor, por desconocer el lugar que él ocupa para Dora en la trama libidinal.

 

Lacan ubica la escena del lago de esta manera: “¿Qué sucedió pues en la escena de la declaración al borde del lago, que fue la catástrofe por donde Dora entró en la enfermedad, arrastrando a todo el mundo a reconocerla como enferma, lo cual responde irónicanente a su rechazo de proseguir su función de sostén para su común dolencia (no todos los "beneficios" de la neurosis son para el exclusivo provecho del neurótico)?

 

Basta, como en toda interpretación válida, con atenerse al texto para comprenderlo. El señor K... sólo tuvo tiempo de colocar algunas palabras, es cierto que fueron decisivas: "Mi mujer no es nada para mí" Y ya su hazaña recibía su justa recompensa: una soberbia bofetada, la misma cuyo contragolpe experimentará Dora mucho después del tratamiento en una neuralgia transitoria viene a indicar al torpe: "Si ella no es nada para usted, ¿qué es pues usted para mí?".

 

Y desde este momento ¿qué sería para ella ese fantoche que acaba sin embargo de romper el hechizo en que vive ella desde hace años?”

 

Esto para el Sr. K como para Freud y algunos hombres les resulta sorpresivo, ya que del lado macho puede suponerse que ella querría escuchar la declaración: la señora K no es nada,  solo importas tú, quédate tranquila querida que no existe otra, solo vos.

 

El anillo señala la existencia dela otra.

Surgen chistes en relación a lo conveniente que puede ser dejarse puesto el anillo de casado, (indicador de la Otra),  ante la posibilidad de seducir a una histérica.

 

Ahora bien ese cachetazo es una forma de decir no a la función fálica. Deja de esa manera preservada, intocada una supuesta integridad que el sujeto histérico, identifica con la femeneidad. Al mismo tiempo, la situación de fracaso en que el hombre queda situado, cumple la tarea de hacer manifiesta la impotencia de la impostura que el sentido  fálico padece, para alcanzar la riberas del Otro goce. Queda así señalada la castración del hombre.

 

Encontramos en el texto de Catherine Millot, Nobodady- La histeria en el siglo, que  dice acerca de la frigidez. “la frigidez suele cumplir, al mismo tiempo, la pardójica función de exaltar la virilidad del compañero, así fuese en la denuncia de su inoportunidad”. (5)

Por un lado sirve para mantener la potencia fálica del hombre y por el otro funciona como protección contra la puesta en juego del deseo del Otro.

 

El auditorio volvió a hacer algunos chistes en relación a mantener a la histérica insatisfecha,  al menos  privada de algo. Y destacamos que identificada al falo, rechaza, tal como sucede con Dora, ser tomada como objeto. Por lo que en este punto, se sustrae, quita el cuerpo y Dora solo coloca la mano para un cachetazo. De lo que goza es de ser privada.

 

Seducción y sustracción

También destacamos como la histérica busca interesar al otro, en tanto con su seducción procura causar el deseo del Otro y sostener la posición deseante. Desea ser el falo y desea el deseo del Otro, busca ser deseada. (3)

 

Aquí nos detuvimos al destacar el punto de encrucijada en que se ubica la histérica en tanto mantiene una posición sacrificial. Todo por y para el Otro, lo que la conduce a extender en forma infinita el campo del Otro.  Así renuncia y evita el acto en cuanto sujeto de deseo y goce propios.

Otro punto que esta relacionado con la sustracción en la histeria se hace presente bajo la forma de la indiferencia. La bella indiferencia de la que hace gala, cuando se presta al deseo del sujeto masculino. Se siente segura de permanecer intocable por saber del Otro goce que pudiendo adoptar las formas de la pureza o el horror, la deja ubicada más allá de la comunidad fálica.

 

Por un lado seduce y por otro se sustrae rechazando el lugar de objeto de goce y de esa manera sostiene a la Otra, la que podría satisfacer al hombre. Para eso rechaza ser objeto ofreciéndose, como dijimos, desde la identificación fálica para ser deseada.

 

 

 

Bibliografía citada durante la clase:

Jaques Lacan  Seminario 3  Las psicosis “La pregunta histérica: ¿Qué es una mujer?”

Jaques Lacan    Escritos 2  “Intervenciones sobre la transferencia”

Jaques Lacan  Escritos  2 “La significación del falo.”

Jaques Lacan Seminario 3  Las psicosis . Pag. 249

Catherine Millot. Nobodaddy.  La histeria en el siglo Ediciones Nueva  Visión.

 

Carlos Vilaseca

Gustavo Cappelli

 



TÍTULO:Caso Dora Primera parte
FECHA: Febrero 2012
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ARTÍCULO:

El siguiente es un recorte de la primera parte de lo  abordado en el marco de un Seminario dictado en Agosto de 2010 bajo el título “Casos de Freud y Lacan, Su enseñanza  para la clínica actual”

Secretaría de Extensión de la Universidad de la Marina Mercante 

Fragmento de análisis de un caso de Histeria [1901-1905] (Caso Dora)

Premera parte

 

“Diferencias con la histeria en la actualidad para pensar las transformaciones en cada época, según el discurso dominante en juego”

La neurosis y el esperar del Otro

“El caso Dora”,  un caso tratado por  Freud  a fines de 1900 y publicado en 1905. Se trataba de una mujer de 19 años que llega a través del padre.  Entonces de entrada tenemos que fue llevada, que no fue por su cuenta. Y diremos que, que no fue llevada por cualquier otro, sino por el padre. Relación que este caso ilustra muy bien, sobre lo que la histeria hace con el padre: siempre espera algo de él.

Ubicaremos qué estructura a la neurosis histérica. Cuáles son las características de su padecimiento. Sabemos que la característica central respecto del malestar está ubicada en su vida amorosa con resonancia en su cuerpo. Condición que atraviesa las épocas, porque las histéricas siguen aun hoy en día manifestando síntomas en su cuerpo, podemos decir, que esto es un signo estructural.

La teoría y la clínica

Por otro lado, tenemos a un Freud que nos cuenta como fue sorprendido por la transferencia. Hace un reconocimiento de lo que no pudo abordar durante esta cura. También es un Freud, que está atento a sus hipótesis y podemos seguirlo en el forzamiento con que realiza sus intervenciones en pos de sus formulaciones de aquel momento. Con lo cual, nos enseña, sobre una histeria dentro de un momento teórico y que luego podremos repensarla en torno a la lectura que hará Lacan, y el propio Freud en otro momento de su teoría.

                                 

La repetición, el  más allá de la palabra

Vemos como Freud hace una lectura del fenómeno transferencial como la causa del abandono del tratamiento: en la pagina 104 dice: “Así fui sorprendido por la trasferencia y, a causa de esa x por la cual yo le recordaba al señor K., ella se vengó de mí como se vengara de él, y me abandonó, tal como se había creído engañada y abandonada por él. De tal modo, actuó (agieren) un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasías, en lugar de reproducirlo en la cura. No puedo saber, desde luego, cuál era esa x: sospecho que se refería a dinero, o eran celos por otra paciente que tras su curación siguió vinculada a mi familia. Cuando en el análisis es posible replegar tempranamente las trasferencias, su curso se vuelve más oscuro y se retarda, pero su subsistencia queda mejor asegurada frente a resistencias repentinas e insuperables”.

Tenemos aquí el tema que no todo pasa por la palabra. Y hace notar el punto de repetición que queda sujeto a la transferencia. Además, nos ubica sobre la idea que tenía Freud respecto de Dora, sobre el interés que le suponía al Señor K. Debemos decir que no es del todo incorrecta esta impresión, ya que de cierta forma Dora queda defraudada por él. Esto se señalará más adelante.

Freud la denomina pequeña histeria porque no se trata de una “gran histeria de conversión”  al modo de las histéricas de Charcot con una  gran cantidad de síntomas conversivos. Se trata en este caso de algo puntual, que es la afonía como síntoma que se localiza en relación a una identificación al padre.

Este es un caso donde se lleva a cabo un cambio en la teoría del trauma, ya que enuncia por primera vez la estructura del síntoma: por un lado  la solicitación somática y por el otro, un anudamiento psíquico a dicha solicitación, queda compuesto entonces el síntoma por dos caras.

 

La interpretación ¿resuelve el síntoma?   

Freud destaca los pensamientos sofocados que pugnan por expresarse, (modo de ubicar el inconsciente en ese momento) que anudados al origen somático causan el síntoma, en contra del planteo que opone la causa de los síntomas de la histeria como únicamente psíquicos o somáticos. El síntoma histérico trae consigo  un sentido tomándolo prestado de la naturaleza de los pensamientos. De esa manera, Freud pensaba que la interpretación psicoanalítica resolvía el síntoma, una vez develado el sentido.

La afonía de Dora admitía entonces la siguiente interpretación simbólica: “Cuando el amado estaba lejos, ella renunciaba a hablar; el hacerlo había perdido valor, pues no podía hablar con él. En cambio, la escritura cobraba importancia como el único medio por el cual podía tratar con el ausente.”

Leemos  en la página 22 la descripción de los síntomas: “El historial clínico que he esbozado hasta aquí no parece en su conjunto digno de comunicarse. «Petite hystérie» con los más corrientes síntomas somáticos y psíquicos: disnea, tussis nervosa, afonía, quizá también migrañas; además desazón, insociabilidad histérica y un taedium vitae probablemente no tomado en serio.

Un cuerpo para el dolor

Es Freud quien sin darse cuenta, nos introduce con cierta actualidad sobre la histeria y sus padecimientos, puesto que no se trata de pensarla con “grandes fenómenos corporales” sino de ubicar, aquello que “toca al cuerpo” sin que sea necesariamente un fenómeno del soma. El dolor en el cuerpo tiene la actualidad que nos cuenta esta Dora del 1900.

Apelar a la voluntad y desconocer el inconsciente

También destacamos en la página  41 como comienza a tambalear de alguna manera, la  insistencia en ubicar la cuestión de la voluntad como solución ante el malestar del síntoma. La idea de la voluntad, bajo la forma del: “querer es poder”, trae consigo la de la intencionalidad en el malestar. Estas ideas, no están muy desactualizadas, ya que hay muchas corrientes psicológicas que albergan voluntad e  intención como efecto y causa del enfermar, así como también su cura.

Freud dice: “¡Sin duda alguna, ese estado de enfermedad es obra de un propósito! Los estados patológicos se hallan por lo general destinados {bestimmen} a cierta persona, de suerte que desaparecen cuando esta se aleja. El juicio más burdo y trivial acerca de los trastornos histéricos, que puede escucharse en labios de parientes incultos o de enfermeras, es en cierto sentido correcto. Es verdad que la mujer que yace paralizada en cama se levantaría de un salto si estallara un incendio en la habitación, que la mujer melindrosa olvidaría todos sus achaques si un hijo se le enfermara con riesgo de muerte o una catástrofe amenazara la situación hogareña. Todos los que se pronuncian así sobre los enfermos tienen razón, menos en un punto: descuidan la diferencia psicológica entre consciente e inconsciente, lo que tal vez esté permitido todavía en el caso del niño, pero en el adulto ya no cuadra. Por eso es que no le sirven de nada al enfermo todos esos aseguramientos de que «querer es poder», ni todas las exhortaciones y vituperios. Es preciso intentar primero que se convenza a sí mismo, por el rodeo del análisis, de la existencia de ese propósito de enfermar.”

El caso Dora nos ilumina sobre el lugar que tiene la histeria en la teoría psicoanalítica. Como aquello que causa cierto trabajo de saber sobre los síntomas, que convoca la transferencia, las intervenciones en la cura e interroga sobre la condición de lo femenino.


Carlos Vilaseca

Gustavo Cappelli


TÍTULO:Acerca de la psicosis: El saber. Lugar del anali
FECHA:
AUTOR/ES:

El siguiente es un recorte de lo abordado en el marco de un Seminario dictado en Mayo de 2010 bajo el título “Casos de Freud y Lacan, Su enseñanza  para la clínica actual”

Secretaría de Extensión de la Universidad de la Marina Mercante  


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ARTÍCULO:

Acerca de la psicosis:   El saber. Lugar del analista. Diagnóstico diferencial y síntomas al inicio de la psicosis en el caso del presidente Schreber.

A trabajar  la carta que el Presidente Schreber le envió al Dr. Flechsig en oportunidad de la publicación de sus memorias. Muchos de los allí presentes no se habían contactado con el escrito. Esto provocó de alguna manera  ser sorprendidos por el relato. Y nos brindó la oportunidad de alentar a los allí presentes a encontrase con su lectura.

El saber en la psicosis:

Las observaciones de lo  que generó la lectura de esa carta se centraron en que pareció un texto “denso”, en el sentido que hablaba de cosas complejas, como un saber al estilo de la medicina con términos específicos. Se hicieron bromas refiriéndose que parecía que se trataba de alguien que  “sabía” lo que estaba diciendo.

A partir de allí ubicamos el lugar del saber del lado de la psicosis, el psicótico es el que tiene algo que enseñarnos. El espejo de este lugar de “saber expuesto” en la psicosis es el del Dr. Flechsig quién desde el lugar de saber del amo, le asegura que lo va a curar. Al respecto nos dice Lacan (en la página 384 del seminario 3) que  “el mismo Schreber parece comprender perfectamente bien qué es ser “ensartado” por el profesor Flechsig”.

En este punto se destaca que para Schreber no fue una posición que lo favorezca; ya que al ubicarse Fleshsig en ese lugar del que “porta el saber”, que le va a hacer el bien, que lo va a curar, se ubica para la estructura psicótica en el lugar del Otro gozador, el que sabe lo que le conviene al otro.

Esto nos alerta del mal lugar en que puede ubicarse el analista si se postula como alguien que sabe,  a diferencia de lo que sucede en la neurosis donde suele ser más conveniente que el analista haga “semblante” de saber.

Prosiguiendo con este tema del saber, respecto del caso que presentó Mónica Magaldo el martes anterior; el paciente señalaba bien el recorrido que hizo visitando a varios profesionales que se especializaban o se presentaban como “sabiendo” acerca de lo que le sucedía a él, ya sea como una suerte de desviación en relación a la elección sexual o una postura de ubicar esa elección como incorporada a la normalidad de la época. Finalmente encuentra a la Lic. Magaldo que de a  poco va desalentando, inconsistiendo la idea de normalidad o anormalidad, y esto abre la dimensión propia de tratamiento en ese caso de psicosis.

 

El saber y el psicoanalista

Volviendo a la carta de Schreber, resultó difícil de seguir por momentos, ya que se debe leer con detenimiento para ubicar los “enlaces” que Schreber hace, pero siguiendo con lo que llamamos el  discurso organizado alrededor de un eje, los comentarios tocaron al discurso científico u otro saber estructurado y se resaltó lo difícil de seguir esas exposiciones.  Se hizo el chiste de que algunos analistas lacanianos  suelen ser ininteligibles en sus exposiciones.

Para los que llevamos adelante este seminario ubicamos uno de los obstáculos en la sórdida y monótona repetición de los textos psicoanalíticos. El mismo Lacan se burla de lo que significa para algunos analistas leer religiosamente los textos de Freud, (página 297 Seminario 3) cuando habla sobre  “Saber de memoria los textos freudianos”.

Pero ese comentario viene muy bien para nuestro taller ya que hacemos hincapié en lo que cada analista lee del texto. Por eso la posibilidad de formarse de una analista se articula con el análisis, la lectura y la supervisión. En la articulación de esos tres caminos se juega la posición del analista.

Tomando una observación de Lacan que en la misma página refiere tener la impresión de que se suele permanecer en “los límite de lo que ya ha sido dicho”, vamos a intentar entre nosotros sobrepasar esos límites y darle algunas vueltas al tema de lo que falta en la estructura de la psicosis.

¿Qué dice Lacan, cuando dice que el presidente Schreber no cuenta con el significante  que hace de carretera principal?

La carretera principal  y el significante “ser padre” es el titulo que lleva el capítulo XXIII del seminario 3  establecido por Jaques A.- Miller. En varios párrafos de este capítulo y también  en el anterior viene Lacan “machacando” como le gustaba decir,  en relación a la pregunta:

“¿Qué significante fue llamado entonces, cuya falta produjo una tal conmoción en un hombre que hasta  ese entonces se había acomodado perfectamente  al aparato del  lenguaje, en tanto establecía una relación corriente con sus semejantes?” (Página 404, Seminario 3)

Palabras claves

Los carteles al costado del camino

Entonces Lacan hace “su lectura”, y afirma que en ausencia de ese significante aparecen una serie de “palabras  claves”,  que más  adelante en el capítulo posterior, dirá que esas palabras serían los carteles al costado del camino que harían de guía. Lacan explota la metáfora de la carretera principal explicando que hace de comunicación, aprovecha e ironiza con el teme de la teoría de la comunicación, y aporta varias ideas que desembocan en que sino está ese eje, sino está esa carretera se toman otros caminos.

Schreber  se afirmó en intentar ser una mujer y luego llevar a cabo un embarazo, un engendramiento. Al  respecto dice Lacan que ese es el rodeo que tuvo que llevar a cabo, la bifurcación que le hizo tener que convertirse en mujer y luego el mismo embarazase,  por faltar el significante “ser padre”.

Fue entonces cuando surgió la pegunta ¿A que nos referimos con eso del significante “ser padre”?.

El padre y la creencia

Y recordamos aquello que Freud en su momento  daba cuenta de que “ser padre” es como un acto de fe, de creer.  En cambio ser madre es diferente en tanto se  tiene la seguridad, no hay duda, de allí la metáfora “madre tierra” que se puede tocar y ver. 

Volvemos al tema de la Fe, de la creencia, que se enlaza con el tema del saber, porque  en la neurosis se cree, se cree en el que se supone que sabe.  Y si hay fe no hay dudas,  no hace falta mas prueba que la fe, basta con la fe para que las evidencias sobren.

La duda contra el ADN

La ciencia promete dar pruebas,  evidencias con el ADN de decir quien es el padre. Claro que luego el sujeto puede decir: “no me basta con ese papel” y seguir dudando.

Los posibles primeros síntomas del desencadenamiento

En el historial del caso Shreber presentado por Freud, página 14 nos recuerda: que el primer síntoma fue “un martirizador insomnio”, es frecuente ese síntoma en el comienzo y ese insomnio lo hizo acudir a la clínica del Dr. Fleshsig.

-Participante: es el momento cuando el insomnio en inmanejable, es frecuente hallarlo en el comienzo de un brote.

Fenómeno elemental

-Se preguntó si ese sueño es un fenómeno elemental.

Decimos que un fenómeno es elemental en tanto dicho elemento se presenta aislado, no hace cadena, irrumpe produciendo perplejidad como primera respuesta, luego sobrevendrán los intentos de interpretación que tratan de dar un sentido, al modo de una elaboración secundaria.

A través de la lectura del historial clínico de Shreber ubicamos a la psicosis desencadenada clínicamente, pero también hablamos de las psicosis estabilizadas, que si bien estructuralmente se trata de una psicosis, no se ha producido el desencadenamiento de la sintomatología que deja expuesta la estructura. Citamos varios ejemplos de psicosis estabilizadas y que permitía afirmar que se trataba de psicosis. Como por ejemplo la vida de  Schreber antes que le sobrevengan los brotes.

Citamos del seminario 3  las páginas 110 y 111 donde Lacan da cuenta del fenómeno elemental.

Este seminario nos condujo a llevar adelante un Seminario que titulamos: “Saber hacer…… con la psicosis” en nuestro  “taller de día” en el barrio de Belgrano.

 

La ilustración de los nervios de Shreber  fue extraida del siguiente  blog 

 Seguir el blog colocando el mause  al lado de la W

http://permutaciones.wordpress.com/bibliografia-y-enlaces/


El curador comunitario no es el “autor intelectual” de una exposición es simplemente el mediador entre el artista (Emergente, regional, o consagrado) y su público

 



TÍTULO:A gozar.. en las Fiestas
FECHA: Diciembre 2011
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ARTÍCULO:

 

Feliz Navidad

             Cada cual atiende su goce

Un colega la otra vez me comentaba como al pasar: “Que fenómeno esto de las fiestas navideñas y de fin de año”. Fue así como comenzó una conversación que voy a intentar reproducir en estas páginas.

 

Mi colega se vio obligado a ubicar otras maneras de expresar sus elucubraciones al ser interrogado en sus afirmaciones. Pero creo que el esfuerzo valió la pena.  Es que siempre que hay esfuerzo, hay un verdadero trabajo de producción en tanto se sale del  principio de placer, que es la ley del menor esfuerzo.

 

Al preguntarle por lo de “fenómeno” esbozó una sonrisa anticipatoria de la satisfacción  que iba a obtener en su relato, aunque en más de una ocasión en el transcurso de la charla pensé que iba a tomar el camino del anteriormente mencionado principio y se iba a marchar o tan solo repetir lo que había dicho. Pero acá va su mejor esfuerzo.

 

Colega: Uso la palabra fenómeno en el sentido que se trata de una serie de manifestaciones anímicas que se materializan en frases y actos que se ven favorecidos por la oportunidad que brindan las fiestas de fin de año y noche buena,¡ Magnifico¡, en el sentido que es una oportunidad para que cada cuál haga de la “suya”, con “lo suyo” me refiero a que cada cuál atienda su goce, y por eso también se puede vincular con el llamado fenómeno elemental, que consiste en un puro goce, un inevitable que hace de las suyas. Es que, para algunos sujetos, hay ciertas consignas que funcionan como una significación fija, que no permiten ningún desplazamiento, es así, no queda otra ,no hay que darle vuelta, repiten orgullosos: “ En las fiestas hay que re-unirse”.

 

No le pregunté nada pero mis cejas se inclinaron como la visera de esas taxis que habitaban Buenos Aires en los años sesenta, que tenían la función de atemperar los rayos del verano porteño.

 

La ilustración clínica

Por ejemplo dijo mientras movía la pierna como dándole pedal a la imaginación: Conozco una señora que no puede dejar de dar órdenes y siempre está dando indicaciones de cómo deben hacerse las cosas, es decir que tiene la firme idea que sabe de cuestiones de crianza y hasta de cómo debe comportarse una mujer. Si lo cree necesario no se inhibe en acusar a sus semejantes de que no saben y rápidamente les vocifera su tontería, tomando su voz ese comando super yoico.

Tiene varios hijos y un esposo que sufrió un accidente cerebro vascular, que lo dejó inmovilizado, incluso no puede hablar. Uno de sus hijos en un intento de querer salvaguardar de alguna manera a su padre, ironiza con que este sufrió el primer accidente cerebral cuando conoció a su madre.

 

Solo es cuestión de dichos no de hechos

-Poco importa si lo que vocifera esta mujer coincide o no con los hechos, si el esposo no se animaba a invertir en una propiedad u otro negocio, la cuestión es que siempre  está acusando de todas las desgracias sufridas en la familia y de los negocios que no pudo concretar al inválido, que en ocasiones revolea el bastón, razón por la cual el siquiatra lo tiene bien medicado.

El psiquiatra de la prepaga va una vez cada dos meses a medicar al inválido, y en su primera visita médica al retirarse nombró a la señora esposa del inválido como ayudante del psiquiatra, diciéndole usted fíjese si hace falta darle un poco más de Rivotril o el anti- impulsivo, cuando este nervioso y le agrega media pastilla más, eso es lo que llamamos medicación sintomática, sino me llama, pero le dejo la receta por dos meses.


Frenar el goce del otro

Mi colega prosiguió su relato sin pausa, como  si, al contarme el caso él también fuese descubriendo las articulaciones y puntos nádales de la trama:

-Algunos de sus hijos y nueras dejaron de verla de manera frecuente, luego de intentar frenar y ubicar a la mujer en otra posición

A Gozar en las fiestas-Las fiestas de fin de año son el momento esperado para ir en busca de la ansiada unidad. El primer argumento, de esta señora, es que su marido espera a la familia re-unida y todo aquello que atenta contra ese fin puede provocarle un infarto o algo parecido.

Fue en esas vísperas de navidad que vino a verme esa señora con un andar muy lento y una voz entre cortada, dijo que su nuera era un poco descuidada, que como sabía  que hacia análisis conmigo yo la entendería y le explicaría a la joven que de seguro era hora de olvidar las diferencias que parecen pequeñeces al lado de la mismísima muerte porque ella estaba enferma y no se sabía que tenía.

 

El analista obsesivo

Le pregunté a mi compañero si me podía decir que le contestó a la señora. Pero me dijo que luego me contaría, como sé que es un poco obsesivo y no le gusta que lo interrumpan, no quise insistir para que no perdiera su hilo conductor. Así que lo dejé avanzar para que no se extraviara.

 

Presa del goce

Prosiguió su relato: Algunas veces, ciertos miembros de una familia no comulgan la común-unidad que da sentido al principio que los convoca y ciertamente, hay quien se resiste a ser partenaire de dicha propuesta, tal es el caso, de una de las hermanas de la señora, la hermana menor de cincuenta y dos años que se casó hace dos. Se “ex-presa” muy adecuadamente, con una terminología jurídica, ya que la señora es abogada, habla de justicia y de lo que moralmente corresponde. Da muy valederas explicaciones que justifican porque no concurrir a la casa de su hermana mayor,  pero como, siempre el goce decide y hace oídos sordos a los intentos de regulación jurídico ,y pronto se escucha la voz de su flamante marido que le recuerda su infidelidad  familiar: “No seas despiadada,  acordote todo lo que hizo por vos”.

 

El estilo, una cuestión de goce

-Hay personas de todos los estilos, en igual cantidad que  goces hay  en circulación. Está, el que se acerca con regalos para los chicos y dice: “hay que juntarse por ellos,” una especie de Piñón Fijo, ruidoso y con una sonrisa que repite el estribillo “Por los chicos…” y claro los chicos quieren regalos,  y no les importa si vienen de la mano de la Momia o del Pingüino.

Ese, es el sujeto que cree que sabe lo que necesitan los niños, a la manera de “un  padre”,-(para los mas leídos, un modo que Lacan utiliza para referirse en la psicosis cuando no funciona el nombre del padre)- y  en nombre de los niños u otro bien preciado abriendo sus brazos declama: “hay que perdonar, somos familia”.

 

Recuerdo que lo interrumpí, creo que esa parte del relato me dió en mi blanco, en   alguno de mis ideales, y le pregunté casi enojado:

 

-Pero ¿no es bueno perdonar? ¿Acaso no está bien hacer como una especie de suplencia como le dicen y tolerar, no quedar con ese odio?

 

Mi amigo tuvo un momento de silencio, luego de lo cuál no dudó en afirmar:

-Perdonar es un poder que solo poseen los dioses


Todos por el ideal

-Pero entonces dije: El ideal se convierte en una especie de misión.   

-Y si, respondió más calmado: Los ideales son necesarios, ya que le dan sentido  al sujeto, pero al mismo tiempo, puede ser alienante cuando queda atrapado en la certeza de la creencia de ese ideal, de una manera extrema. Tengamos en cuenta, que es habitual asesinar por un ideal.

 

A  lo que agregue algo confundido: ¿Pero entonces el goce queda absorbido por un ideal? ¿Hasta dónde? Porque quien no hace asco a las matanzas, acaso queda justificado su acto por el ideal.

 Movió la cabeza con su clásico Aja.

A lo que rápidamente sumé unas palabras procurando disimular su gesto esteriotipado: Pero así como están las cosas parece que no hay mucho que se pueda hacer. Porque nadie quiere renunciar a los ideales, funcionan como una causa que justifica la existencia ¿verdad?

 

-Es verdad dijo: para algunos sujetos no les es tan posible captar que son hablados  pero puede ser conveniente intentar  extraer de sus relatos el significante que los hace hacer, mas allá de sus identificaciones gozosas referidas a esos ideales, pero como esto a veces no es posible, es que, hay en el mundo más actos sociales que analíticos, el psicoanálisis no es colectivizante. 

 

Como decía antes, la nuera de  esta novela familiar que describía, tuvo un desacuerdo, con uno de los portavoces que escolta la insignia de la familia unida, cuando ella no aceptó la invitación navideña.

Luego de varios diálogos de confrontación,  en los que ella se dejó llevar porque el otro insistía en que le debía explicaciones. Una de las frases de este hombre, dio en el blanco: ……. “no es para tanto”, que lo reconsidere porque ella con su actitud le estaba haciendo mal a la familia, provocando una serie de infortunios,  etc.  A lo que el sujeto se defiende, explicando, que no le pueden decir eso. ¡Justo a ella! , que suele prestar mucho cuidado al prójimo.

 

De lo imaginario a lo simbólico

Su enojo en sesión no le permitía salir de la pelea imaginaria con esos familiares.  En el análisis se le pudo extraer  esto de: “descuidada” que le permitió desplegar toda una serie de situaciones  que le evocaron  un episodio en su infancia donde debía cuidar de un hermano mayor con problemas de salud.         

Un fin de año globalizado:

La conversación viró hacia otro lado y lo que me parece que se puede destacar fue una característica de esta época que mi amigo pintó muy bien en un retrato de la cena de fin de año con su familia, y que con su peculiar tono irónico destacó:

 

-En la cena de fin de año estaban todos, todos con su celular, desde la nona hasta la nena de trece. Faltando unos cincuenta minutos para las doce los celulares sonaron con sus diferentes sonidos, sonidos personalizados por supuesto. En un momento estaba mi sobrina hablando en ingles con un canadiense, un pretendiente virtual que pretende dejar de serlo. El Tío Alfredo hablaba en italiano con unos primos lejanos de Roma que nos visitaron por primera y única vez hace dos años. Como suelo apagar mi celular a las diez de la noche, mi esposa atendió el suyo, eran unos amigos que en un portugués cerrado nos saludaban y recordaban que nos esperaban el mes próximo en Garopaba. Éramos doce, a las doce, hablando cuatro idiomas al mismo tiempo.

 

Le pregunté algo agotado de escucharlo: ¿Vos comentas esta escena abriendo el tema de la comunicación?

 

-Lo tomaba en relación con esa idea que te relataba antes de la ansiada común-unidad del ser humano en ese anhelo de estar en contacto.

 

A lo que repliqué: Me pareció que sonó como un tono nostálgico al tiempo de antes cuando no existían estos objetos y que hoy en manos de la tecnología nos separan.

 

-Me refiero más, al uso que cada uno hace de esos objetos. (Mientras respondía un mensaje de texto)  dando con ese acto, terminada la conversación conmigo.

 

Entonces pensé, que estamos afectados por fenómenos, fenómenos familiares, que para algunos son elementales, básicos, incuestionables y cuando alguien se separa un poquito de eso, ya sea por efecto del análisis, u otros encuentros de la vida misma que sorprenden, puede quedar convertido en un “fenómeno” para los demás.

 

Los dejo con este múltiple sentido para que cada uno se sirva de su interpretación.

 

 

 Gustavo Cappelli

 



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