Inicio Nuestra Propuesta Artistica Articulos en Psicoanalisis Actividades Galeria Contacto




facebook
ARTÍCULOS en PSICOANALISIS

Actividades 11 - 20 de 24

TÍTULO:Las fiestas y la neurosis
FECHA: Diciembre 2012
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

En esta nota la autora nos recuerda, cuestión que es fácil de olvidar en estos días, de qué tipo de encuentro se puede generar en ocasión de las llamadas fiestas de fin de año

Muñeco de nieve neurótico-”mis padres  eran fríos es mas… de hielo”

Sigmund Freud-“Ya veo, y ¿ ¿Qué tiene que ver usted con esto de que se queja?”

Felices faltas , felices fiestas

A estas alturas del año como señal de cortesía  comenzamos a recibir y dar saludos festivos, Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.

La navidad es una celebración que se impone por la influencia de la fé cristiana en occidente, pero en realidad tiene un origen aún mas remoto, ya en la antigua Babilonia existía esta celebración que homenajeaba a una reina llamada Semiramis que habría concebido virginalmente a su hijo Tamuz, posteriormente, el Imperio Romano toma esta celebración para si reemplazando a Tamuz por Saturno. Los romanos durante el gobierno de Constantino deciden convertirse del paganismo al catolicismo; la iglesia católica toma esta celebración y decreta al 25 de diciembre como el día de nacimiento de Jesús, logrando así la consolidación de la conversión de los romanos. Con las fracturas internas dentro de la iglesia católica, protestantes y ortodoxos rechazan esta fecha como conmemorativa del nacimiento de Jesús y prohiben su celebración pero quienes no acuerdan la proponen como una oportunidad para el encuentro familiar y propio para el ejercicio de acciones de buena voluntad hacia el prójimo reflotando en gran parte del mundo su celebración, pero lo cierto es que de acuerdo a la cultura y la religión de que se trate han encontrado en esta fecha una justificación particular para el encuentro.

El capitalismo, la religión de la productividad y el consumo, también propone a su modo una justificación y no es necesario ahondar en detalles de como se viven estas semanas del año, un frenesí de ve"Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo." compras, reuniones algunas veces forzosas con quienes apreciamos y con quienes no tanto.

La histeria y la obsesión en la fiesta

También las neurosis se agudizan lo que da por resultado la cavilación del obsesivo que no sabe que comprar que esté a un precio conveniente para él y para que todos esten contentos y completos, pensando que puede ser la ultima vez que esten todos vivos, juntos y celebrando; la histérica que se monta en guardia para que los que vienen de visita no le pregunten por el novio y  por otro lado dispuesta siempre a resaltar lo que el otro hace mal si no la elogia con algun

Todos por estos días somos testigos y porque no tambien protagonistas en estas circunstancias en que la locura se exacerba, es que en el fondo la cuestión es el encuentro con el Otro y con los otros, esas situaciones sociales y casi obligatorias que hacen reflexionar sobre asuntos que el resto del año componen el anecdotario de lo que le contamos al analista, pero que en estos momentos crudamente se ponen en acto reeditandose con resultados impredecibles. Ya lo decía Freud, de las fuentes de sufrimiento humano: el deterioro del cuerpo biológico, la amenaza de catastrofes naturales y las relaciones con otros seres humanos, estas útimas, son las que acarrean una vivencia mucho mas intensa de sufrimiento.

Las angustias se acrecientan, hay que tomar decisiones, conciliar con otros, los síntomas (si esa es la elección) se despliegan en un enorme abanico de variedades e intensidades para lidiar con los conflictos, el analista  y el analista del analista bajan la persiana y estamos por nuestra cuenta frente al encuentro, se suman los logros, se suman las pérdidas, a veces se resta y entonces surgen cosas interesantes también a partir de ello.

Más allá de que no se pueda desear al otro otra cosa que no sea las “felicidades”, si tenemos afinidad con el psicoanálisis no podemos dejar de lado esta sentencia freudiana muy conocida por cierto "Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo." En cuyo caso queda al criterio y elección de cada uno el hacerse o el ser, es que la felicidad no es algo perdurable, en “Malestar en la cultura” Freud dice: "La felicidad, considerada en el sentido limitado, cuya realización parece posible, es meramente un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla vale para todos; cada uno debe buscar por sí mismo la manera en la que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los màs diversos factores".

Para Lacan el sujeto en el plano pulsional es siempre feliz pero teniendo en consideración que el deseo es realmente insatisfecho no puede registrar la felicidad pulsional; y por otro lado, dirá que la felicidad implica el “soberano bien”, un imposible, un ideal que esperanzadamente se persigue; que al analista se le demanda la felicidad pero que él analista no la tiene y sabe que no existe. ¿La “espera-nza”  sería un poco conformismo y otro poco postergación entonces?

En la persecución de la felicidad como bien supremo y perdurable, lo que transcurre es la vida misma, evitando  instalarse en las limitaciones y oportunidades que son presentes  (no del porvenir),  lo que implica la aceptación de la finitud y de la falta que será permanente, permitiendo hacer lugar al deseo en el mejor de  los casos.

Entonces “ felices faltas”, que cada uno pueda lidiar con ella, pueda hacerle lugar y encaminarse en el deseo a pesar de los demás, del desencuentro y el malentendido inherente a toda relación humana, a pesar de los objetos que pululan, que no colman ni colmarán.

Esto no es un deseo, no es una obligación, es simplemente un dicho, felices faltas son felices fiestas, menos síntomas, mas encuentros, quizás.

Brindamos por ello.

 

Romina Natalia Moreno


TÍTULO:Padres e hijos al desnudo
FECHA: octubre 2011
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

 

Sofía Gala dijo: "vivir con mi mamá es como vivir con un travesti." 

La autora nos invita a recordar nuestro lugar de hijo  para ubicar algunas posiciones posibles acerca del ser padres. Y las mujeres de los medios pueden ser un claro exponente del lugar de padres en esta época. 

Gustavo Cappelli

Padres e hijos al "desnudo".

Recuerdo cuando una vez Sofía Gala dijo: "vivir con mi mamá es como vivir con un travesti." 
Tal cual, es una mujer con pene, lo mismo que decir, un hombre disfrazado de mujer. ...

Existen "madres" así, uno se las encuentra por doquier en los consultorios (usualmente no consultan por ellas, sino por sus hijos, porque sintomatizan sus hijos los dramas de ellas para ser mujer y madre) y fuera de él también, en todos lados escucha madres así, que quieren hacer de los hijos un adorno, una posesión y pasan por mujeres fuertes y luchadoras, con una moral incorruptible que dan todo por sus hijos...y apenas escuchás a esos hijos te das cuenta de que nada que ver, que es una pose para el exterior; esas madres de sus hijos no saben mucho y no quieren saber tampoco...porque las ponen en falta y de esa falta no quieren saber nada. (Este es claramente el caso de Moria, a mi entender).


Son mujeres que tienen pene, es decir, se posicionan en un lugar masculino de poder todo, de estar completas y tener todas las respuestas, de esta manera anulan la presencia de un hombre, lo hacen un cero a la izquierda y ellos solo funcionan para ellas como "sex toys" tal diría Moria. 

Muchas nos ofendemos, muchas adherimos a esa famosa frase "no hay hombres" y claro, los hombres no son los de antes, han perdido su identidad de macho porque se asocia a violento, autoritario, machista y, si son flexibles, no tienen carácter, son irresponsables y despreocupados... pero... ¡es que no les queda otra! porque frente a una "mujer" que no cede, que quiere tener poder absoluto, que todo se haga como ella quiere (esto es a lo que empuja la cultura detrás de la pantalla del "empoderamiento" femenino malentendido) que quiere vengar que cultural y socialmente se las trate como el "sexo débil", al hombre no le queda otra que borrarse o por el contrario imponerse brutalmente (por medio de la violencia) ya que se le hace intolerable confrontarse, a ellos también, con la falta, con la pérdida de identidad de hombre. 

Las posiciones femenina y masculina no son excluyentes una de la otra, son solidarias, una mujer construye a un hombre y viceversa; como una madre construye a un padre y viceversa. 

No es fácil, ni sencillo, dado que no hay comunicación efectiva entre los sexos, no nos ponemos de acuerdo hablando (no siempre, por lo menos) y no hay acuerdos que perduren "hasta que la muerte nos separe". (De la falta de comunicación sacan provecho algunos abogados civiles y algunos psicólogos)

A veces el "ser" madre o padre nos empuja a repensar nuestra posición como hombres y mujeres, en el mejor de los casos, para poder ser padres de nuestros hijos tenemos que replantearnos la feminidad o la masculinidad, eso requiere renunciar a que podemos con todo, a que nuestros hijos son nuestra posesión. Eso también nos lleva a pensar nuestro rol de hijos, como fue y como es. A veces los hijos, plantean una revolución en la vida nuestra y no hay que sofocarla; cuando intentamos sofocarla nuestros hijos sufren, padecen, hacen síntomas para que nosotros pensemos lo que no queremos pensar, ni enfrentar. Lo que nosotros no elaboramos, pasa a la siguiente generación y se padece como una herencia maldita. La única forma de no ser hombres/mujeres y padres irresponsables o violentos, o padres/ madres abnegadas/os y que se apropian de sus hijos, es pensar, elaborar estas posiciones.

Madres o padres como Moria pueden optar por humillar a sus hijos diciendo que en realidad los educan, quitarles sus hijos para "recapaciten"...o pueden ponerse a pensar, qué nos dicen con su comportamiento, en qué nos interpela y nos compromete, sin pensar eso, el padecimiento no se acota, se recrudece y lamentablemente ya no nos podemos decir padres con tanta seguridad.

por Romina Natalia Moreno


TÍTULO:Entrevista a Freud 1926
FECHA:
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

Nuevamente Freud suelta frases que  nos hacen inclinar hacia una verdad posible como  la de : “Tal vez morimos porque deseamos”

 

Fragmentos de la Entrevista al Dr. Sigmund Freud "El valor de la vida"   1926.

Esta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los Alpes suizos.  Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de "Psychoanalysis and the Fut", en New York en 1957.

 Fue traducida del inglés al portugués por Paulo César Souza y al castellano por Miguel Ángel Arce. 

Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro de nosotros. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción. 

El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. Él debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.

Comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento. 

Nietzsche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana, y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él

Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente también en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.

 

 

 

Entrevista Completa.

S. Freud: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.

  Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de verano en Semmering, una montaña de los Alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanálisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él. 

S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aun así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornándonos la vida más  desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.

(Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).

S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.

 

S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mí o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.

George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.

(Estábamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)

 

S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer después de estar muerto. 

 

George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?

 S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.

George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?

S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?

 George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?

S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviéndose en un círculo, sería siempre la misma.  Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

 

George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si así lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas. 

S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro de nosotros. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción. 

George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Edward Von Hartmann.

S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

 

 (Estaba haciendo frio en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafía clara de Freud).

 

George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?

S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla. 

 

 George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?

S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.

George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?

S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver....

 (En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)

George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?

S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. Él debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.

George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. "Tout comprendre c'est tou pardonner".

S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiendo la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento. 

(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).

S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.

(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. En tanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)

 

George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, ¡de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!

S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.

George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!

S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw....

George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.

S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.

(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mí, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)

George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aun cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis,  frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.

 S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.

 (En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la  seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)

George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.

S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

George Sylvester Viereck: ¿Por qué?

 

S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconscientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.

George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.

S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!

George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. En tanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente.

George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue más compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictoria.

S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.

 

 

George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del "desplazamiento", de la "sexualidad infantil", de los "simbolismos de los sueños", etc.- parecen permanentes. 


TÍTULO:Que es el T.O.C.
FECHA: Septiembre 2013
AUTOR/ES:

Romina Natalia Moreno


LINK:

ARTÍCULO:

El presente es un breve comentario acerca de lo que se denomina hoy como T.O.C  a partir de un poema de un sujeto que padece y hace a partir de éste.

Le recordamos que es importante ver el video, el impacto de la imagen en este caso le da cuerpo, si vale la metáfora a la palabra, un cuerpo afectado.

Neil Hilborn (https://www.facebook.com/neilhilborn), así se llama el autor de este poema titulado “OCD” (Obssesive Compulsive Disorder) o “TOC” (Trastorno Obsesivo Compulsivo) en castellano;  es poeta, un escritor profesional y ha obtenido premios en concursos universitarios de poesía, es graduado con honores en Escritura Creativa y recorre los Estados Unidos compitiendo en escenarios, recitando sus poemas de una manera casi teatral aunque no es actor. 

Neil efectivamente recibió el diagnóstico de TOC y comenta que algunos de los tics que se ven en el video son ficticios y otros no, pero ¿qué es el TOC?

Es un diagnóstico psicopatológico que actualmente puede tratarse con medicación y diversas psicoterapias. Se caracteriza por obsesiones y compulsiones; se presentan pensamientos repetitivos que el sujeto no puede controlar, que se le imponen y afectan su vida cotidiana, generalmente estos pensamientos derivan en la necesidad de reiterar determinadas acciones de manera impulsiva y que terminan por  resultar inevitables, constituyéndose en rituales o ceremonias que el sujeto debe realizar y no puede obviar, pues le causan una gran angustia si no los lleva a cabo. Estas ideas son de todo tipo, pero sobretodo centradas en el miedo a estar contaminado, (lo que llevaría a lavarse las manos de manera excesivamente repetida), temor a enfermarse, a la muerte de seres queridos, preocupación por la idea de hacer daño a otros, pensamientos reiterados sobre cuestiones o conductas sexuales que le resultan al sujeto repulsivas, excesiva preocupación por el orden, etc. El TOC también se asocia a depresión, anorexia, fobias, etc. Suele encontrarse asociado a otros diagnósticos concomitantes.  En algunos casos el TOC se presenta con Tics, como los exhibe Neil, que pueden ser movimientos del cuerpo realizados involuntariamente o la repetición de palabras (ecolalia, tal se observa en el video); existen formas genéricas de manifestación del denominado trastorno pero lo cierto es que varían de sujeto a sujeto, al igual que la intensidad de leve a severa pudiendo resultar invalidante a causa de altos grados de inhibición; lo clave es: la imposibilidad de controlarlo voluntariamente a pesar de que el sujeto percibe como  descabelladas de estas ideas y comportamientos, la ansiedad, angustia y hasta terror que vivencia quien lo padece.

 

Desde el Psicoanálisis no se habla específicamente de TOC (que es una denominación consensuada por la psiquiatría y a la que adhieren algunas corrientes psicológicas) sino que se habla de Neurosis Obsesiva, el gran caso freudiano acerca de este cuadro es “El Hombre de las Ratas” o Paul Lorenz, aunque se ha revelado en una investigación del analista canadiense Patrick Mahony, que este era un seudónimo que reemplazaba a la verdadera identidad; la de Ernst Lanzer, hijo de Heinrich Lanzer, el famoso padre que con su deuda contribuyera a la gran neurosis obsesiva de su hijo y resulta al menos curioso que el nombre de este padre se (hein)rich, siendo Rich rico en inglés…todo un destino señalado en ese nombre al igual que coincidentemente nos topamos con el Hei-raten… como significante en alemán “contraer matrimonio” que era uno de aquellos significantes que sujetaban a este paciente… 


TÍTULO:Cartas de amor… y el amor para el psicoanálisis.
FECHA: Abril 2013
AUTOR/ES:

Romina Natalia Moreno 


LINK:

ARTÍCULO:

Cartas de amor… y el amor para el psicoanálisis.

 Tercera parte

 El siguiente escrito corresponde a la tercera y última parte de un trabajo llevado a cabo por Romina Natalia Moreno que aborda el tema del Amor con un interesante y preciso recorrido no solo desde Freud y Lacan. 

 Para las mujeres el mejor afrodisíaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo su tiempo y nos lo hace perder a nosotras.”

 Como podemos ver, S. Freud le da una importancia clave al amor en la vida del ser humano; es más, en “Más allá del Principio del Placer” (1920)  postulará que las dos grandes tendencias anímicas son Eros y Thanatos, el amor y la agresividad, solidarias entre sí, la ambivalencia afectiva propia del humano que podría sostener la famosa frase clisé “del amor al odio hay un solo paso”.

 Para continuar desde la perspectiva del psicoanálisis no podemos dejar de situar los aportes de J. Lacan respecto del amor. El autor a lo largo de su recorrido de retorno a la obra freudiana, pasa por muchas figuras del amor, el cortesano, el dantesco, el platónico, etc. pero de ninguna se prenda. El planteo lacaniano dice que “no hay relación sexual”, complementariedad entre los sexos, no hay media naranja ni almas gemelas si se quiere. El sujeto hablante sufre la castración estructural que supone el baño de lenguaje, el acceso al mundo simbólico, al disponer de la palabra como modo de significar la experiencia humana y de nombrarse a si mismo, queda incompleto, pues la batería de significantes no está completa, no existen significantes para dar cuenta de la muerte ni de lo femenino. Así el amor es, según J. Lacan, “dar lo que no se tiene a quien no es”, es necesario para amar reconocernos en falta (reconocer que no se tiene), eso hace del otro un objeto amable, posible; ese otro “no es” porque evoca el amor inconsciente, reprimido, el amor de la infancia que tenía por objeto a los progenitores, evocaría algo de eso. Básicamente podemos decir que para el autor el amor no es posesión, cualquier amor posesivo (del tipo del enamoramiento que quiere tener al otro en todo momento y es idealizado) está anclado en el Complejo de Edipo, en el que la dialéctica del tener (fálica) está en juego, tener y no querer perder, refiere al no estar atravesado por la pérdida (o la castración), por la no existencia de un objeto para la pulsión, por el reconocimiento de que no existe un objeto que pueda completarnos.

El amor evanescente sería para Lacan el amor propiamente más allá del enamoramiento, ese amor que no requiere apropiarse del objeto, que permite aceptar la falta, la incompletud y por lo tanto toma al otro como fallado de la misma manera (si yo no me completo con el otro, el otro tampoco se completa conmigo), no obstante, a partir de esa falla se puede amar, hacer coincidir la falla permite que se produzca el encuentro entre dos que seguirán siendo dos y no Uno. La separación existe de entrada, la distancia es ese espacio que nos acerca, ese espacio nos convoca al acercamiento y de nuevo a la separación, es nada más y nada menos que mantener viva la dimensión del deseo, pues ese otro no colma mi falta, no demanda que colme la suya, permite la intimidad en el acercamiento propiciado por la distancia.

¿Qué sería entonces, hacer el amor? Es poner palabras para recubrir el “no hay relación sexual”. Cita J. Lacan en “Campo y función de la palabra”, un fragmento poético: Entre el hombre y la mujer, hay el amor/Entre el hombre y el amor hay un mundo/Entre el hombre y el mundo hay un muro”. Lo que hay es una falta de proporción entre el goce fálico y el goce femenino  que hace a las mujeres para los hombres otra especie y a los hombres para las mujeres, otra también. En nuestro auxilio para explicarnos esto podríamos citar a la escritora Isabel Allende, quien en su último libro titulado “Amor” dice: Para las mujeres el mejor afrodisíaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo su tiempo y nos lo hace perder a nosotras.” El goce femenino no está localizado, restringido como en el hombre, que goza con el órgano limitadamente; la mujer goza con todo el cuerpo y el cuerpo se contornea con palabras, toma su forma y se nombra en las palabras, se conmueve allí realmente, aunque las palabras no puedan nombrarlo todo.

Las patologías que afectan la capacidad de amar dan cuenta de lo complicado que puede ser para el sujeto lidiar con este “no hay relación sexual”, en la histeria tan solo se marca la distancia, la bella indiferencia que mantiene esa distancia (no llega a un verdadero acercamiento, lo pospone) para mantener el deseo insatisfecho; en la neurosis obsesiva, se degrada el deseo a demanda, el obsesivo está al servicio de obturar el deseo del otro complaciendo hasta en lo más mínimo los requerimientos amorosos, del deseo de eso, no quiere saber nada; son tanto histeria como neurosis obsesiva dos modos de evitar confrontarse con la castración estructural.

 Para terminar, Julio Cortázar en Rayuela: “Pero el amor, esa palabra…(…) Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mi, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames…(…) Stop, ya está bien así (…) ¿Por qué Stop? Por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero”.  

 


TÍTULO:El amor para el psicoanalisis
FECHA: Abril 2013
AUTOR/ES:

Romina Natalia Moreno


LINK:

ARTÍCULO:

Cartas de amor… y el amor para el psicoanálisis.

Segunda parte 

El siguiente escrito corresponde a la segunda parte de un trabajo realizado por Romina Natalia Moreno que aborda el tema del Amor con un interesante y preciso recorrido no solo en Freud y Lacan. 

 Sigmund Freud mantuvo su noviazgo con Martha Bernays durante cuatro años hasta que el 13 de septiembre de 1886 se convirtieron finalmente en esposos, conformando juntos un matrimonio que duró cincuenta y tres años y del cual nacieron seis hijos.

Se conocen  1500 cartas escritas por Freud durante el noviazgo, en ellas relata su cotidianeidad mientras trabajaba como médico (también como profesor) para ganarse la vida, su anhelo de llegar a conseguir el dinero y la posición económica necesaria para lograr casarse con Martha, no obstante, años después de casado y gracias a su reconocimiento como profesional y creador del psicoanálisis, recién llegaría el alivio económico.

Freud en algunas de sus cartas da cuenta de una apreciación del amor propia del hombre común, que no investiga las razones ni mecanismos de ese sentimiento sino que mas bien se dedica a experimentarlo, fantaseaba con los detalles de un encuentro, con escenas hogareñas pero así también se encargaba de imponer a su futura esposa principios que sostendrían la relación; por ejemplo el que una mujer debe abandonar a sus padres para acompañar a su esposo sin sentir por ello pena o nostalgia; también advertía que se mantendrían unidos en la felicidad, en la abundancia como en la tribulación y pobreza, y por último que sería necesario reñir por lo menos una vez por semana, para aclarar las diferencias, aunque ninguna riña fue lo suficientemente importante para separarlos ni se manifestaron con la frecuencia señala por Freud.

 Pero la cuestión que quisiera tratar aquí a partir de la Carta de Sigmund Freud a su amada Martha, es el Amor; dice el diccionario: El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto el apego y resultante y productor de una serie de actitudes  emociones y expereincias.

 En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto la bondad y  la compasión del Ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.

Sin embargo, ¿puede alguien responder qué es el amor y hacer valer su concepto sin objeciones?
¿Sentir amor es sentirse en-amor (in-love) o enamorado? Resulta que es como una necesidad humana imperiosa definir qué es el amor ¿por qué?

Citando a Sigmund Freud en Enamoramiento e hipnosis (Cap. VIII de Psicología de las masas y análisis del yo): “El lenguaje usual es fiel, hasta en sus caprichos, a alguna realidad. Es así como llama “amor” a vínculos afectivos muy diversos que también nosotros reuniríamos en la teoría bajo el título sintético de amor; pero después le entra la duda de si ese amor es el genuino, el correcto, el verdadero, y señala entonces toda gradación de posibilidades dentro del fenómeno del amor. Tampoco nos resulta difícil pesquisarla en la observación. “

Para Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, el amor es la libido (energía sexual) proyectada sobre un objeto determinado, ese objeto en un principio es el yo del sujeto, a lo que el autor denominó Narcisismo; luego esa libido yoíca puede dirigirse hacia otra persona. El arquetipo de la elección de objeto amoroso debemos buscarla en el atravesamiento del Complejo de Edipo. Freud plantea que el desarrollo psicosexual del ser humano es en dos tiempos, siendo el primero en la infancia y el segundo (en que se reedita el Edipo infantil) en la pubertad, cuando aquellas tendencias sexuales tienen oportunidad real de concretarse a partir de la maduración genital en ambos sexos. Será en este momento de la vida en que el sujeto debería renunciar a los objetos infantiles de amor y se debería producir la unión de la corriente tierna y la sensual (lo anímico y lo corporal si se quiere a grandes rasgos). Las posibilidades de elección de un nuevo objeto amoroso puede ser apuntalada en las figuras parentales, así la mujer elegiría a un hombre que representara a su padre y el varón elegiría a un mujer que representara a su madre (en el caso de que la posición sexual del sujeto sea la heterosexual); y por otro lado podría darse una elección de tipo  narcisista, caracterizada por tomar como objeto amoroso a otro yo que representa al sujeto mismo, es decir, el sujeto ama a ese otro en tanto es semejante a si mismo: encarna algo de lo que uno mismo es, algo de lo que fué en el pasado o algo de lo que le gustaría ser, según el autor este tipo de elección sería la característica de la posición homosexual masculina en la que predomina la identificación del varón con su madre.

La sexualidad normal sería la que permite entonces la elección de un objeto amoroso en el que se unifiquen las tendencias tierna y sensual, aunque Freud rescata lo poco frecuente que es esta posibilidad. 

Hay que señalar que, para el sujeto, estos procesos psíquicos en los que la sexualidad se construye, permanecen en el inconsciente y solo sabemos de ello por sus manifestaciones en la clínica, desde donde Freud construye la teoría y la técnica del psicoanálisis.

El enamoramiento lo define como “la investidura de objeto de parte de las pulsiones sexuales con el fin de alcanzar la satisfacción sexual directa lograda, la cual se extingue; lo que se llama amor sensual común. Pero como es sabido, la situación libidinosa rara vez es tan simple. La certidumbre de que la necesidad que acabada de extinguirse volvería a despertar tiene que haber sido el motivo inmediato de que se volcase al objeto sexual una investidura permanente y se lo “amase” aun en los intervalos, cuando el apetito estaba ausente.”

Es así como es posible que el enamoramiento tienda a durar mas que un instante y señala que lo que se vuelca al objeto amado es libido narcisista, se ama al otro como a yo propio, pues el objeto amado constituye un ideal, es objeto de la idealización que conlleva la sobreestimación de cualidades, justamente aquellas que al sujeto que ama le gustaría poseer. El enamoramiento es solidario de un empobrecimiento del yo propio en virtud de la grandiosidad del objeto amado, es decir, la libido se retira del yo para centrarse sobre el objeto que ocupa el lugar del ideal del yo, ante el cual la crítica se acalla, momento en que se podría decir que “el amor es ciego”.

 

S. Freud se refiere también al amor de transferencia para dar cuenta del enamoramiento que experimentan los pacientes por sus analistas mientras transcurre el tratamiento. El autor postula que en el espacio transferencial, en vínculo que se instala entre analista y paciente, se movilizan las tendencias amorosas infantiles, de hecho con lo que trabaja es con una neurosis producida artificialmente que reedita la neurosis de la infancia (neurosis de la infancia, es la que ha tenido lugar en la infancia propiamente durante su transcurrir; mientras que la neurosis infantil es la que se construye en el dispositivo analítico, en tratamiento). Dice Freud respecto de este amor, que no tiene nada que envidiarle al amor genuino, es amor, pero no se manifiesta hacia la persona del analista como tal sino a aquel a quien está sustituyendo el analista (por ejemplo sustituto del padre de la paciente histérica) en la fantasía inconsciente del paciente; por lo tanto no ha de responderse a esta demanda de amor porque implica por parte del paciente una manifestación de la resistencia a la cura. Es así como el manejo adecuado, por parte del analista, de este amor transferencial, a favor de la elaboración del paciente de sus vínculos primarios, conduce a la cura, una cura por amor; al restablecimiento de la capacidad de amar.

 

Como podemos ver, S. Freud le da una importancia clave al amor en la vida del ser humano; es más, en “Más allá del Principio del Placer” (1920)  postulará que las dos grandes tendencias anímicas son Eros y Thanatos, el amor y la agresividad, solidarias entre sí, la ambivalencia afectiva propia del humano que podría sostener la famosa frase clisé “del amor al odio hay un solo paso”.

 

Para continuar desde la perspectiva del psicoanálisis no podemos dejar de situar los aportes…………..de……


TÍTULO:Cartas de amor… y el amor para el psicoanálisis.
FECHA: 21 de Marzo 2013
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

 

 

Cartas de amor… y el amor para el psicoanálisis.

  

A veces la literatura, las artes en general, pueden decir más del amor que cualquiera de las formas teóricas y científicas del conocimiento (hoy en día se podría decir que el amor surge de ciertos mecanismos neurológicos y hormonales por ejemplo), tal vez por ello, tanto S. Freud como J. Lacan, convocan a lo largo de sus obras referencias artísticas para dar cuenta de algo acerca del amor, es un recurso infaltable en tanto simbólico, eso es el “Arte en Psicoanálisis”.

 

 El siguiente escrito es la primera parte de un trabajo realizado por Romina Natalia Moreno que aborda el tema del Amor con un interesante y preciso recorrido no solo en Freud y Lacan.  

 

Viena, viernes, 19-06-1885.

 Mi amada mujercita:

             Últimamente te he echado de menos más que en cualquier otra época desde que nos separamos. Este es el resultado de tu dulce y cariñosa carta, que llevo conmigo constantemente. Me siento ilimitadamente feliz por lo que me cuentas, pero no dejo de comprender que una satisfacción tan grande le quita a uno toda inspiración. Todo lo que puedo decirte es que nuestro noviazgo hubiera necesitado, no tres, sino siete años para realizarse, según nuestras costumbres patriarcales, no me habría parecido ni demasiado rápido ni excesivamente tardío. ¡Qué tonterías estoy diciendo! ¡Y que irritante resulta esta parquedad cuando uno está acostumbrado a tener facilidad de palabra y ésta de pronto se niega a obedecernos! Te he respetado siempre por esa misma reticencia tuya que a veces te eché en cara; jamás podría confiar en el amor que reacciona rápidamente ante la primera iniciativa, prescindiendo del privilegio de crecer y desarrollarse con el tiempo y la experiencia. No, no puedo encontrar palabras precisas y prefiero escribirte de los dos meses y medio, de lo felices que seremos juntos cuando tal cosa suceda y de cómo procuraremos mantener los límites del tiempo que nos hemos fijado y aún acortarlos. Entonces te volveré a repetir todas estas cosas y me comprenderás mejor que ahora. Sin embargo, espero que sólo dudes de mi amor en pocos momentos y en instantes de gran agitación. Sabes que, después de todo, desde el momento en que te vi por vez primera, me sentí determinado – ¡no, obligado!-  a cortejarte y de que persistí no obstante todas las advertencias de mi sentido común, y de cuán inconmensurablemente feliz he sido desde ese momento, y de que he vuelto a recuperar la confianza en mi mismo, etcétera. Mi amada Marty, la vida en el sanatorio es mucho más agradable de lo que esperaba (…)

Mañana  sábado es el informe y la votación sobre mi examen oral, y también han de darme el tema y la fecha para mi próxima conferencia examen. También habrá una votación sobre la subvención del viaje, que es muy importante para mí, aun que ya no tanto como cuando la posibilidad de verte dependía exclusivamente de esta cantidad.

Sueño con la beca todas las noches. Ayer, por ejemplo, soñé que Brücke me decía que la subvención no era para mí, pues había otros siete candidatos y todos ellos poseían posibilidades mayores que las mías.

Con estas dos fotografías, nuestro álbum ha quedado completamente lleno. Cuando nos hagamos más fotos, en septiembre, he decidido iniciar un nuevo álbum dedicado sólo a ti.

Te saludo y también a Minna cariñosamente, y pronto podré darte noticias (acerca de la decisión)…Tuyo,

Sigmund Freud mantuvo su noviazgo con Martha Bernays durante cuatro años hasta que el 13 de septiembre de 1886 se convirtieron finalmente en esposos, conformando juntos un matrimonio que duró cincuenta y tres años y del cual nacieron seis hijos.

Se conocen  1500 cartas escritas por Freud durante el noviazgo, en ellas relata su cotidianeidad mientras trabajaba como médico (también como profesor) para ganarse la vida, su anhelo de llegar a conseguir el dinero y la posición económica necesaria para lograr casarse con Martha, no obstante, años después de casado y gracias a su reconocimiento como profesional y creador del psicoanálisis, recién llegaría el alivio económico.

Freud en algunas de sus cartas da cuenta de una apreciación del amor propia del hombre común, que no investiga las razones ni mecanismos de ese sentimiento sino que mas bien se dedica a experimentarlo, fantaseaba con los detalles de un encuentro, con escenas hogareñas pero así también se encargaba de imponer a su futura esposa principios que sostendrían la relación; por ejemplo el que una mujer debe abandonar a sus padres para acompañar a su esposo sin sentir por ello pena o nostalgia; también advertía que se mantendrían unidos en la felicidad, en la abundancia como en la tribulación y pobreza, y por último que sería necesario reñir por lo menos una vez por semana, para aclarar las diferencias, aunque ninguna riña fue lo suficientemente importante para separarlos ni se manifestaron con la frecuencia señala por Freud.

 

Pero la cuestión que quisiera tratar aquí a partir de la Carta de Sigmund Freud a su amada Martha, es el Amor; dice el diccionario: El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto el apego y resultante y productor de una serie de actitudes  emociones y expereincias.

 En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto la bondad y  la compasión del Ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.

Sin embargo, ¿puede alguien responder qué es el amor y hacer valer su concepto sin objeciones?
¿Sentir amor es sentirse en-amor (in-love) o enamorado? Resulta que es como una necesidad humana imperiosa definir qué es el amor ¿por qué? 

continua en la segunda parte


TÍTULO:La mujer para el psicoanalisis
FECHA: Marzo 2013
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

 

 

"Entre la madre y la esposa...¿la mujer y lo femenino?

 La mujer para el psicoanalisis

por Romina Natalia Moreno

 Para el psicoanálisis la posición sexual no depende de un dato biológico. La sexualidad del ser humano se inscribe en un universo simbólico, es la palabra que al sujeto le viene del Otro la que nombra su sexo y permite en una dialéctica fálica asumir  las posiciones masculina o femenina. La bisexualidad constitutiva del ser humano postulada por S. Freud nos permite entonces pensar que tanto un hombre como una mujer pueden adoptar una posición psíquica femenina o masculina, alternar entre ellas de acuerdo a las distintas circunstancias vitales.

            Para el psicoanálisis la mujer tiene mucho para decir, desea, piensa, sueña, no puede reducirse al ser madre o esposa; cuestión que entra en conflicto con la concepción de lo que debe ser una mujer para la cultura aún hoy por más que intente negarse. Cuando S. Freud trata a sus famosas histéricas verifica algo de esto, que en la queja denuncian ese sentimiento de inferioridad en relación al sexo masculino, la desventaja, el sometimiento, se verifica la negación de una sexualidad femenina reducida a la maternidad y el matrimonio. (Asumir el rol de madre o esposa no significa renunciar a la feminidad como tampoco significa asumirla, se trata de la posición que asume el sujeto en relación a estas elecciones, lo que hace de ellas.)

Factores sociales, económicos y culturales que con los siglos han ido en continua transformación, le han permitido a la mujer acceder al mundo intelectual y laboral. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral sus roles tradicionales se vieron obviamente trastocados, el control de la fertilidad y la independencia económica le dan mayor libertad de decisión, actualmente la maternidad y el matrimonio tienden a considerarse mas una opción que una obligación.

S. Freud se preguntó ¿qué quiere una mujer?, pregunta que por cierto no pudo responder. J. Lacan con su retorno a la obra del autor agregará que no se puede saber qué quiere una mujer porque la posición femenina no se funda en el goce fálico (en el tener) sino mas allá de él, no hay significante que la nombre; ella misma no puede tomarse del todo como objeto para un hombre, por lo tanto no hay complementariedad entre los sexos, no hay correspondencia. Por todo esto Lacan termina formulando que la mujer no existe. El goce femenino no es posible asirlo, ni con palabras podría ser posible significarlo. A pesar entonces de ello, tanto hombre como mujer se encuentran en un desencuentro que anima el deseo porque es un encuentro siempre fallido pero que deja marcas.

Lograr la igualdad de oportunidades sociales no significa alcanzar igualdad de los sexos o su equivalencia, tampoco se trata de la diferencia sexual en términos de ventajas y desventajas, pues la castración (la pérdida) es estructural y afecta tanto al hombre como a la mujer; de lo que se trata es de re-fundar a la mujer, el hecho de pasar por el tener acceso a determinados objetos que antes le estaban vedados debe permitir un pasaje al más allá. Lo que posiciona a la mujer como tal frente a un hombre, no es lograr tener lo que el hombre tiene sino poder jugar a ser el objeto de amor y respeto de éste a pesar de lograr social y culturalmente la posibilidad de elegir, lo que supone al mismo tiempo un cambio de posición del hombre frente a esta mujer que no se colma o se conforma con ganar una supuesta competencia entre quien tiene mas o quien tiene menos (toda competencia para ser competencia requiere de sujetos de una misma clase, no es el caso del hombre y la mujer).

 Hombre o mujer no se nace sino se hace, son construcciones, son lugares que no están predestinados de una vez para siempre; depende de cada sujeto singularmente hacerse hombre o mujer, en un cruce de biología, vínculos a lo largo de toda la vida, situaciones de vida que lo confrontan con lo real de la sexualidad (lo que no tiene forma de nombrarse y simplemente irrumpe en la realidad imaginaria), con las preguntas sobre el sexo, las funciones de madre o padre, aspectos sociales y culturales. 

 


TÍTULO:Neurosis obsesiva cuestiones clínicas
FECHA: Mayo 2012
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

 

:El siguiente es un recorte de la primera parte de lo abordado en el marco de un Seminario dictado en el 2010 bajo el título “Casos de Freud y Lacan, Su enseñanza  para la clínica actual”

 

Neurosisi obsesiva

 En un primer encuentro destacamos algunas manifestaciones clínicas de la neurosis obsesiva.

Comenzamos haciendo referencia sobre lo que dice Lacan en el Seminario 3, La psicosis, sobre esta neurosis: “en algunas ocasiones no hay nada más parecido a una pre-psicosis que la neurosis obsesiva”.  

Ubicamos de esta manera, un rasgo: la rigidez  en algunas de sus expresiones sintomáticas. Hacíamos el chiste y a modo de ejemplo, decíamos como   para un obsesivo al momento de hablar y dirigirse al otro, las cosas son como son, “al pan pan y al vino vino”. Es decir  no admite el deslizamiento de las palabras. No puede en ocasiones dejarse llevar por  el mal entendido, por el equívoco, efecto que puede llevar a la producción de asociaciones en el trabajo analítico.

Y también uno de los problemas más importantes del obsesivo, donde halla su padecimiento: los pensamientos.

Los mismos hacen a una modalidad de funcionamiento exacerbado del yo en la formación de síntomas. El obsesivo hace uso de sus recursos intelectuales para mantener con firmeza el vínculo con la realidad y la conciencia. En términos de la pulsión son sujetos con el pensamiento erotizado, sobrevalorado, anímicamente sensibles a la irrupción de un sentido otro en su decir. Por eso en la clínica es importante evitar esas confrontaciones intelectuales, donde se termina debatiendo de yo a yo. Por ese camino el trabajo analítico se ubica en términos de batalla yoica, que además está perdida.

Algunos análisis no van muy lejos con el obsesivo

Algunos análisis no pasan de la frontera del yo, no van más lejos de los límites de la conciencia. El analista debe hacer su jugada en la zona donde el yo no tiene dominio. Teniendo en cuenta que para el Yo ser sorprendido por ejemplo en un fallido puede ser tomado como una injuria en tanto amenaza su  integridad. Temática que dentro del psicoanálisis también preocupa, ya que hay toda una línea clínica en esta dirección, la de cuidar al yo.

Si el analista no apunta con sus intervenciones hacia la zona que va más allá del Yo, de las explicaciones y justificaciones, entonces se fortalece el yo, y con ello los síntomas.

La técnica analítica puede convertirse en una defensa, en tanto no posibilita ir más allá, ir al encuentro con la  modalidad propia de goce del sujeto. En cuyo caso el analista mismo se transforma en la herramienta de dicha defensa, obsesivizándose todo el trabajo de análisis.

Un comentario de los asistentes del taller nos condujo al “vampirismo y la neurosis obsesiva.”

Creemos que esa vinculación es posible si pensamos que “El vampirismo” se presenta como una resolución al tema de la muerte, de lo perecedero, en tanto la muerte, como representante de la castración aparece como un problema para el obsesivo. La respuesta del vampirismo es la eternidad. Actualmente hay una serie televisiva, que está de moda, cuyo éxito podríamos pensar se basa en el anudamiento de temas clásicos, como lo son la muerte y el amor.

“En tanto vivimos estamos matando el tiempo que nos queda” decía un obsesivo en sesión mientras miraba el reloj para calcular cuánto le quedaba.

En ese sentido Freud en su artículo sobre lo Perecedero, delimita las fantasías que giran en torno al tema de la eternidad por la angustia que despierta el tema de la muerte y de la finitud de la vida.

Para el obsesivo, que mira el reloj y calcula qué decir y qué no decir de acuerdo a lo que le da el otro, en este caso el tiempo, el corte de sesión  no regulado por un tiempo pautado funciona como una interpretación en tanto el corte impide la continuidad.

Es que el reloj es uno de los objetos más preciados del neurótico obsesivo. El tiempo como objeto.

Al final la muerte

Lacan dice, y lo pueden ver en un video (en You Tube) que se titula “hacen bien en creer que van a morir”, prosigue afirmando que el tema de la fe, el de creer que la finitud, lo que se termina permite darle a la vida un tinte, un significado. Son sujetos que rodean sus pensamientos con este tema, la finitud. La muerte siendo su partenaire, es la pregunta del obsesivo.   

Llamamos “continuidad” a esa manía del neurótico de querer controlar, darle continuidad al discurso y no permitir el tropiezo del inconsciente.

 

Hablamos de cómo se presenta un sujeto en la primera entrevista, y el obsesivo dice: “esto es así”. Nuestras intervenciones van a tender a llevarlo a la zona de los dichos que se formulen como “creo que esto es así”. Es decir una vacilación en la fijeza de esos dichos.

Ahora bien, podemos hablar de neurosis en tanto el mecanismo de la represión está operando, dado que represión y neurosis van de la mano.

En 1895 para Freud el acceso al recuerdo de la escena traumática curaba, el levantamiento del síntoma era solidario de la idea del retorno de lo reprimido. Sin embargo el mecanismo fallaba pues el recordar resultaba inadecuado al aparecer  la compulsión a la repetición, la reacción terapéutica negativa, la necesidad de castigo. Estos problemas clínicos lo llevan a Freud a la conceptualización de la represión primaria. Represión imposible de “levantar”. Freud propone en esa zona como herramienta para el analista “la construcción”. Allí donde la interpretación, el retorno de lo reprimido, y el levantamiento de las resistencias ya no eran eficaces.

Fobia y Neurosis Obsesiva, diferencias.

Otra distinción a tener en cuenta es la diferencia entre la fobia y la neurosis obsesiva, en la primera el afecto predominante es la angustia, mientras que en la neurosis obsesiva lo es la idea, la duda, el remordimiento, el reproche.

En la neurosis obsesiva tenemos los llamados escrúpulos, la conciencia moral, la vergüenza, etc., que contribuyen a mantener la represión, todavía no hay retorno de lo reprimido. En términos de Freud todavía no despiertan ningún  padecimiento, son los que denomina síntomas  primarios de defensa.

Histeria y Neurosis Obsesiva, diferencias

Otra diferenciación que podemos hacer es con la histeria, recordemos que en su momento hablamos de la amnesia histérica.

En  la neurosis  obsesiva el proceso mediante el cual se elimina una exigencia pulsional no es el mismo que en la histeria. De esta manera Freud introduce un problema. Plantea que si bien el resultado del proceso defensivo es similar al de la amnesia histérica, el mecanismo no puede ser el mismo.

Imágen que acompaña: El pensador de Rodín

 


TÍTULO:¿De que lado del análisis estas ubicado?El siguien
FECHA: 2011
AUTOR/ES:
LINK:

ARTÍCULO:

El siguiente es un recorte de un Seminario en 2011 “La interpretación   y modos de interpretar el psicoanálisis”

¿De que lado estas ubicado en el análisis?

por Gustavo Cappelli

El próximo encuentro voy a tomar las cosas por el lado del sujeto del significante o sujeto del inconsciente y por el otro lado cuando el que está en tratamiento esta ubicado en el lugar de objeto. Y puntuar cuando se es objeto o sujeto en el análisis.

Mi interés en tomar las cosas por este lado es para ubicar una distinción práctica que vaya más allá del mero diagnóstico entre psicosis y neurosis, porque hay sujetos neuróticos que no pueden llegar a ocupar ese lugar de sujeto del sentido. Entonces no todo neurótico puede decirse que es un sujeto del inconsciente bien constituido que se presta para el trabajo de análisis.

Quedan excluidos de este abanico las psicosis desencadenados, porque si hay fenómeno elemental no quedan dudas que el camino no es introducir lo multívoco. 

Cuando el analista lo lleva, lo llama, le dice que hacer, etc,  se trata de un paciente que esta en el lugar de objeto a diferencia de que cuando se habla de sujeto donde se gesta un trabajo de análisis en donde el analista acompaña y acota la facultad interpretativa en los momentos adecuados para ese sujeto.

En el encuentro anterior hice hincapié en la cuestión del enigma, hable de la posibilidad de gestar una pregunta y la consiguiente búsqueda de una respuesta. Porque también puede suceder que se tenga cierta inquietud, alguna pregunta que inquieta pero el sujeto no esta dispuesto a hacer el trabajo para hallar su verdad y prefiere comprarla en alguna respuesta universal, como la religión, la ciencia, incluida la psicología.

Si hay sujeto del significante entonces se topa con versiones. Ahora bien, existen para algunos homus, una pregunta que ocupan gran parte de su día y otros en raras ocasiones, me refiero a algunos interrogantes esenciales en la vida, y justamente son los que versan acerca de lo que llamamos vida y muerte.

¿Cómo apareció la vida humana? ¿Qué fue primero el hombre o la mujer? Preguntas  acerca de la vida y de la sexualidad.

Al respecto contamos con las versiones que brinda la ciencia, que habla de microorganismos y descendencias del mono. También tenemos las que portan las religiones, la cristiana nos habla de una mujer que quedó embarazada siendo virgen. Mitos, datos científicos,  y un sin fin de fuentes que generan respuestas los suficientemente convincentes de acuerdo al sujeto que la escucha.

Tener esas respuestas y tomarlas de una manera muy al pie de la letra, es un inconveniente, un límite para el análisis. En el análisis tenemos que construir primero las preguntas acerca del padecer y luego el sujeto trabaja y va en búsqueda de las respuestas, de su verdad.

Se padece de algún dicho que toca la carne. Las versiones de los “Padres” se presentan a veces como portando una certeza, una fijeza, donde se torna incuestionable esas frases, como la propia religión del sujeto con su dogma, como nos recordaba Freud,

Puede suceder que el sujeto este de acuerdo en cuestionar ciertas frases provenientes del Otro pero lo que define ese consentimiento se palpa en las asociaciones, en la articulación y el efecto en acto en un posterior momento, si eso sucede se conmueve las identificaciones provocando por un lado un desconcierto y por el otro un alivio, claro que depende de cada sujeto.

Para ese “trabajo” tenemos que hallar a los sujetos que se prestan a servirse de las versiones, son los que están vinculados a un decir particular, son los que pueden extrae de esos dichos la perspectiva de lo que hizo huella, lo que lo marcó, los marcadores que tomó del Otro. Son los sujetos que se benefician con lo multívoco que se halla en el lenguaje.

En un análisis desde las primeras entrevistas, tenemos a una persona que vamos a ver si se la puede ubicar como sujeto, y para eso la primera pregunta que tenemos que formular es: ¿Qué lo trae por acá?, pregunta que se formula de diferentes manera, maneras, estilos que habilita el analista,  maneras remite a versiones, ya desde el primer llamado, uno puede ubicar una manera de abordar el discurso de esa persona.

Que lo trae hace hincapié que es traído, que es llevado en la vida por sus  inhibiciones, síntomas y angustias,  esperamos constatar si hay algo del orden del inconsciente, algo que se postula como síntoma, síntoma que involucra a un cuerpo, algo del inconsciente. Un síntoma tiene algo de inevitable, lo que excede a la voluntad del yo, es algo que se ubica en el cuerpo, en más o en menos,

Como podrán escuchar hago equivaler el síntoma al inconsciente en tanto este determinado en su estructura por él.

La cuestión es que el trabajo se inicia con las intervenciones del analista que conduce a ese momento de apertura del inconsciente



Primero Anterior Siguiente Último



 
Arte en Psicoanalisis © Todos los derechos reservados
E-mail: info@arteenpsicoanalisis.com.ar
EASYweb Diseño & Hosting
www.easyweb.com.ar